Historias

馃毃 El mayor del centro de reclutamiento crey贸 que el aspirante viejo era un fracasado, pero cuando vio su verdadero rango llor贸 delante de todos los j贸venes 馃槺

Bienvenido. Si llegaste desde Facebook, es porque quieres saber qui茅n era en realidad el aspirante Leoncio y qu茅 le pas贸 al mayor. Aqu铆 tienes la historia completa. Si tienes hijos o nietos que sue帽an con servir a la patria, esta historia es para ti.

El sue帽o del uniforme

En San Juan de la Maguana, como en muchos pueblos del sur, ponerse un uniforme es un sue帽o para muchos j贸venes. Significa un sueldo fijo, un seguro m茅dico y el orgullo de servir al pa铆s.

Cada a帽o, cientos de muchachos se presentan al centro de reclutamiento de la provincia. Hacen ex谩menes f铆sicos, m茅dicos y de conocimiento.

Solo unos pocos son aceptados.

El mayor de los cupos

El encargado del centro era el mayor Fausto Herrera. Un hombre de cincuenta a帽os, de voz fuerte, cabeza rapada y anillo de graduaci贸n en el dedo.

Herrera hab铆a descubierto que el sue帽o de esos muchachos val铆a dinero. Mucho dinero.

Cada cupo ten铆a un precio: ochenta mil pesos. Quien pagaba, aprobaba todos los ex谩menes, aunque no supiera correr ni leer bien. Quien no pagaba, reprobaba, aunque fuera el mejor.

El muchacho que lo hizo todo bien

Wilkin ten铆a diecinueve a帽os y hab铆a entrenado un a帽o entero para el examen. Corr铆a cinco kil贸metros cada ma帽ana. Estudiaba de noche con una l谩mpara de gas.

Sac贸 las mejores notas del grupo. Pero cuando sali贸 la lista de aceptados, su nombre no estaba.

En cambio, estaba el de un muchacho que no hab铆a podido terminar la prueba de carrera.

Su madre, do帽a Felicia, fue a preguntar.

鈥擲e帽ora, su hijo reprob贸 el examen m茅dico 鈥攍e dijo Herrera.

鈥斅ero si mi hijo est谩 sano como un roble!

鈥擜s铆 dicen los papeles. Si quiere, el a帽o que viene puede volver. Pero hay formas de asegurar el cupo… usted me entiende.

El aspirante viejo

Al a帽o siguiente, entre los cientos de j贸venes que se presentaron al centro, hab铆a un hombre que llamaba la atenci贸n. Ten铆a cuarenta y nueve a帽os, algunas canas y una barriguita.

Se llamaba Leoncio Medrano.

鈥擜spirante Medrano, present谩ndome, mi mayor.

Herrera estall贸 en carcajadas.

鈥斅縔 usted qu茅 hace aqu铆? 驴Viene a buscar a su nieto? 隆A su edad uno se jubila, no se recluta!

Los muchachos se rieron. Leoncio sonri贸.

鈥擲iempre quise servir, mi mayor. M谩s vale tarde que nunca.

El patio y las flexiones

Herrera decidi贸 que ese aspirante viejo ser铆a su diversi贸n. Lo pon铆a a limpiar el patio del centro, a recoger las colillas de cigarro y a hacer flexiones delante de los muchachos.

鈥斅edrano! 隆Cien flexiones! 隆Y si se cae, empieza de nuevo!

Leoncio hac铆a las flexiones sin jadear. Los muchachos dejaron de re铆rse y empezaron a mirarlo con respeto.

Pero lo que m谩s hac铆a Leoncio era escuchar. A los muchachos, a sus padres en la puerta, a los empleados del centro.

La pregunta en la fila

Una ma帽ana, en la fila del examen m茅dico, Leoncio escuch贸 a un padre hablar con otro en voz baja.

鈥擸o ya pagu茅 los ochenta mil. Mi hijo entra seguro.

鈥斅緼 qui茅n se los pagaste?

鈥擜l sargento que est谩 en la puerta. 脡l se los pasa al mayor. As铆 funciona desde hace a帽os.

Leoncio se acerc贸 a la puerta y vio a un sargento recibir un sobre de otro padre.

Anot贸 todo en una libreta peque帽a.

La madre del celular

En la fila de afuera estaba do帽a Felicia, la madre de Wilkin. Hab铆a tra铆do a su hijo otra vez, con la esperanza de que este a帽o fuera diferente.

Leoncio se le acerc贸.

鈥擠o帽a, 驴usted tiene celular con c谩mara?

鈥擲铆, mijo. 驴Por qu茅?

鈥擯orque usted y su hijo pueden ayudar a que esto nunca le vuelva a pasar a ning煤n muchacho.

Le cont贸 su plan. Do帽a Felicia lo escuch贸 con los ojos muy abiertos.

鈥擟uente conmigo.

El sobre de do帽a Felicia

Esa tarde, do帽a Felicia fue a la oficina del mayor Herrera con un sobre en la mano. En el bolsillo de su blusa llevaba el celular grabando.

鈥擬ayor, mi hijo quiere entrar este a帽o. Traje lo que usted me dijo.

Herrera sonri贸 y tom贸 el sobre.

鈥擬uy bien, se帽ora. As铆 s铆. El a帽o pasado su hijo no entr贸 porque no pag贸. Este a帽o entra seguro.

鈥斅縔 los otros muchachos que no pueden pagar?

鈥擡sos no entran, se帽ora. Esto es un negocio. El cupo vale lo que vale. Y una parte va para arriba, para que nadie me revise.

El celular de do帽a Felicia lo grababa todo.

La sospecha del mayor

Al d铆a siguiente, el sargento de la puerta le cont贸 a Herrera que hab铆a visto al aspirante viejo hablando con do帽a Felicia.

Herrera mand贸 a buscar a Leoncio.

鈥斅sted! 驴Qu茅 anda tramando con esa vieja? 隆Usted es un esp铆a!

Le arranc贸 la libreta de las manos. Vio nombres, fechas y montos.

鈥斅sto se acab贸! 隆Queda expulsado! 隆Y si dice una palabra, lo meto preso por difamaci贸n!

Leoncio lo mir贸 con calma.

鈥擭o se preocupe, mayor. Ya me voy. Pero vuelvo en una hora.

El patio lleno

Una hora despu茅s, el patio del centro se llen贸 de veh铆culos oficiales. Bajaron fiscales, oficiales de alto rango y un juez.

Herrera sali贸 de su oficina con el anillo de graduaci贸n brillando.

鈥斅縌u茅 est谩 pasando aqu铆?

Un general camin贸 hasta la puerta, donde Leoncio esperaba con do帽a Felicia y Wilkin. Se cuadr贸 frente al aspirante viejo.

鈥擬i general.

El verdadero rango

Leoncio sac贸 de su bolsillo una insignia con una estrella dorada.

鈥擥eneral de brigada Leoncio Medrano, director nacional de reclutamiento. Mayor Herrera, usted me puso a recoger colillas y a hacer flexiones. Mientras tanto, yo ve铆a c贸mo vend铆a el futuro de los muchachos m谩s pobres de esta provincia.

Herrera dej贸 caer el sobre de do帽a Felicia. Se le doblaron las piernas y cay贸 de rodillas en el patio, frente a cientos de j贸venes.

Lloraba como un ni帽o.

鈥擥eneral… por favor… yo no sab铆a qui茅n era usted… tengo familia…

鈥擶ilkin tambi茅n tiene familia, mayor. Y usted le rob贸 un a帽o de su vida.

Un uniforme ganado con honor

Herrera, el sargento de la puerta y los oficiales que recib铆an su parte fueron procesados. Todos los ex谩menes de los 煤ltimos tres a帽os fueron revisados.

M谩s de cuarenta muchachos que hab铆an sido rechazados injustamente fueron aceptados. Entre ellos, Wilkin.

El d铆a de su graduaci贸n, Wilkin desfil贸 con el uniforme planchado. Do帽a Felicia lloraba en las gradas.

Al terminar, el general Medrano se acerc贸 a felicitarlo.

鈥擡ste uniforme te lo ganaste t煤, soldado. Nadie te lo regal贸.

Porque los que venden lo que no se puede comprar creen que el dinero lo puede todo. Pero el honor no tiene precio, y la justicia siempre llega a tiempo para los que se esfuerzan.

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