馃毃 El jefe de la pista crey贸 que el mec谩nico novato solo serv铆a para lavar avionetas, pero su verdadero rango lo hizo llorar en medio del aer贸dromo 馃槺
Bienvenido. Si llegaste desde Facebook, sabemos que te quedaste con ganas de saber qui茅n era el mec谩nico Gilberto y qu茅 le pas贸 al jefe de la pista. Aqu铆 tienes la historia completa. Abr贸chate el cintur贸n, que el final despega.
La pista en el desierto
En las afueras de Azua, entre cactus y tierra seca, hab铆a un peque帽o aer贸dromo. Una pista de asfalto agrietado, un hangar de zinc y una torre de control que parec铆a un palomar.
All铆 aterrizaban avionetas de fumigaci贸n, de escuelas de pilotos y de algunos empresarios del sur.
O al menos eso dec铆an los registros.
El capit谩n de la pista
El jefe del aer贸dromo era el capit谩n Danilo Flori谩n. Un hombre de cuarenta y nueve a帽os, de lentes de aviador, chaqueta de cuero y una camioneta nueva cada a帽o.
Flori谩n controlaba qui茅n aterrizaba y qui茅n no. Y hab铆a descubierto que algunas avionetas pagaban muy bien para aterrizar de madrugada sin que nadie preguntara qu茅 tra铆an.
Los vuelos fantasma
Los vecinos de los campos cercanos lo sab铆an. Algunas madrugadas se escuchaba el motor de una avioneta sin luces. Aterrizaba, se quedaba diez minutos y despegaba otra vez.
Camionetas oscuras sal铆an del aer贸dromo justo despu茅s.
En los registros de la torre, esas noches dec铆an: 芦Sin operaciones禄.
El agricultor que vio demasiado
Don Rafael Cuello, un productor de pl谩tanos de sesenta y ocho a帽os, viv铆a al lado de la pista. Una madrugada vio c贸mo descargaban paquetes de una avioneta a una camioneta.
Fue a denunciarlo al cuartel del pueblo.
A la semana siguiente, su conuco amaneci贸 quemado. Y alguien le dej贸 un mensaje en la puerta: 芦Los ojos que ven mucho se quedan ciegos禄.
Don Rafael no volvi贸 a hablar del tema.
El mec谩nico nuevo
Unos meses despu茅s, lleg贸 al aer贸dromo un mec谩nico nuevo. Se llamaba Gilberto Sosa. Ten铆a cuarenta y siete a帽os, era delgado, de manos manchadas de grasa y un bigote canoso.
Tra铆a una caja de herramientas vieja, de metal rojo, abollada por todos lados.
鈥擬ec谩nico Sosa, a sus 贸rdenes, capit谩n.
Flori谩n lo mir贸 por encima de sus lentes de aviador.
鈥斅縈ec谩nico t煤? Con esa caja de herramientas pareces un vendedor de chatarra. Aqu铆 vas a lavar las avionetas y cortar la yerba de la pista. A los motores ni te acerques.
Los empleados se rieron. Gilberto asinti贸.
Bajo el sol de Azua
Gilberto lavaba avionetas con cubo y esponja bajo un sol de cuarenta grados. Cortaba la yerba que crec铆a entre las grietas de la pista con un machete. Limpiaba el hangar.
Flori谩n se burlaba de 茅l cada d铆a.
鈥斅osa! 隆Esta avioneta est谩 m谩s sucia que tu bigote! 隆L谩vala otra vez!
Y le pasaba la mano llena de grasa por el fuselaje reci茅n lavado.
Gilberto volv铆a a lavar sin decir nada. Siempre con su caja de herramientas roja al lado.
La caja que miraba
La caja de herramientas roja ten铆a un secreto. En uno de sus costados, detr谩s de una abolladura, hab铆a una c谩mara con micr贸fono. Y dentro, bajo las llaves y los destornilladores, una bater铆a y una memoria.
Gilberto la dejaba siempre en lugares estrat茅gicos: junto a la torre de control, frente al hangar, al borde de la pista.
Adem谩s, cada vez que lavaba una avioneta, revisaba los medidores de combustible y las horas de vuelo del motor. Anotaba los n煤meros en una libreta engrasada.
Los n煤meros que no cuadraban
Gilberto compar贸 los registros oficiales de la torre con las horas de vuelo de los motores. Una de las avionetas, seg煤n los papeles, no hab铆a volado en dos meses. Pero su motor ten铆a cuarenta horas de vuelo nuevas.
Cuarenta horas. Suficiente para ir y volver de Sudam茅rica varias veces.
Y el combustible que se compraba para el aer贸dromo era el triple de lo que necesitaban los vuelos registrados.
La madrugada de la avioneta
Una noche, Flori谩n le orden贸 a Gilberto quedarse para limpiar el hangar. Todos los dem谩s se fueron.
A las tres de la ma帽ana se escuch贸 un motor. Una avioneta sin luces aterriz贸 en la pista. Flori谩n sali贸 a recibirla con una linterna.
Gilberto dej贸 su caja roja en la puerta del hangar, apuntando a la pista.
Del avi贸n bajaron dos hombres. Descargaron bultos envueltos en pl谩stico negro en una camioneta.
La confesi贸n en la pista
鈥斅縏odo bien, capit谩n? 鈥攑regunt贸 uno de los pilotos.
鈥擳odo bien. La torre est谩 apagada y en los registros no aparece nada. Cincuenta mil d贸lares, como siempre.
鈥斅縔 el mec谩nico?
Flori谩n se ri贸.
鈥斅縀se viejo? Es un lavador de aviones. No sabe ni lo que es una h茅lice. Y el coronel de la base del sur recibe su parte para que no manden inspectores.
Le entregaron un sobre. Flori谩n lo guard贸 en su chaqueta de cuero.
La caja roja grababa todo desde la puerta del hangar.
La sospecha
Al d铆a siguiente, Flori谩n entr贸 al hangar y encontr贸 a Gilberto revisando el motor de la avioneta de la noche anterior.
鈥斅e dije que no tocaras los motores!
鈥擲olo estaba limpiando, capit谩n.
Flori谩n vio la libreta engrasada en el bolsillo de Gilberto. La agarr贸 y la ley贸. Horas de vuelo, galones de combustible, fechas.
鈥斅煤 me est谩s investigando! 隆Te voy a desaparecer como a los que hablan!
Agarr贸 una llave inglesa de la caja roja y la levant贸.
El cielo se llena de motores
En ese momento, el ruido de varios helic贸pteros llen贸 el cielo. Por la carretera llegaron camionetas militares y veh铆culos de la fiscal铆a.
Al mismo tiempo, en una finca de Ban铆, deten铆an la camioneta con los bultos de la noche anterior.
Un soldado de una unidad especial le quit贸 la llave inglesa a Flori谩n de la mano.
Un general baj贸 del primer helic贸ptero y se cuadr贸 frente al mec谩nico.
鈥擬i coronel.
La estrella en la grasa
Gilberto se limpi贸 las manos de grasa en un trapo. Sac贸 de su caja roja, debajo de las llaves, una insignia con una estrella dorada.
鈥擟oronel Gilberto Sosa, inteligencia a茅rea. Capit谩n Flori谩n, usted me puso a lavar sus avionetas. Pero en cada lavada, sus motores me contaban d贸nde hab铆an estado. Y anoche, usted mismo me cont贸 el resto.
Flori谩n se quit贸 los lentes de aviador. Le temblaban las manos. Se dej贸 caer de rodillas en el asfalto caliente de la pista.
Empez贸 a llorar como un ni帽o.
鈥擟oronel… por favor… yo no sab铆a… tengo una hija…
鈥擠on Rafael tambi茅n tiene hijos, Flori谩n. Y usted le quem贸 el conuco.
La pista limpia
Flori谩n, el coronel de la base del sur y los pilotos fueron procesados por narcotr谩fico y corrupci贸n. El aer贸dromo pas贸 a tener vigilancia permanente.
Con los bienes decomisados, se le pag贸 a don Rafael un conuco nuevo. El d铆a que sembr贸 los primeros pl谩tanos, el coronel Sosa fue a ayudarlo.
鈥擟oronel, usted s铆 sabe trabajar la tierra.
鈥擬i pap谩 era agricultor, don Rafael. Igual que usted.
Porque los que trafican con la muerte creen que la noche los cubre. Pero la justicia siempre aterriza cuando menos lo esperan.

