馃毃 Los vendedores de medicinas falsas creyeron que do帽a Nidia era una curandera vieja y asustada, pero cuando secuestraron a su nieto ella les recet贸 justicia 馃槺
Si vienes desde Facebook y quieres saber qu茅 hizo do帽a Nidia para recuperar a su nieto, aqu铆 tienes la historia completa.
Qu茅date hasta el final, porque esta abuela demostr贸 que el conocimiento y el valor pueden m谩s que cualquier amenaza.
La se帽ora que curaba a todo el barrio
En un barrio humilde de Azua, todos conoc铆an a do帽a Nidia Encarnaci贸n, de 73 a帽os.
Hab铆a sido partera durante d茅cadas y hab铆a tra铆do al mundo a medio pueblo.
Cuando alguien ten铆a fiebre, una herida o un dolor, iban primero a su casa antes que al hospital.
Ella curaba con paciencia, con remedios caseros y, cuando hac铆a falta, mandaba a la gente al m茅dico sin dudarlo.
Viv铆a con su nieto Luisito, de 9 a帽os, un ni帽o curioso que quer铆a ser m茅dico.
鈥擜buela, 驴me ense帽as a poner una venda? 鈥攍e ped铆a.
鈥擯rimero aprende a lavarte bien las manos, doctorcito 鈥攍e respond铆a ella sonriendo.
Las medicinas que no curaban
Un d铆a, varios vecinos llegaron a su casa con algo extra帽o.
Hab铆an comprado medicinas baratas en una farmacia nueva del pueblo, pero en lugar de mejorar, empeoraban.
Un ni帽o con infecci贸n segu铆a con fiebre despu茅s de una semana de pastillas.
Una se帽ora diab茅tica casi se desmaya porque sus medicinas no le hac铆an efecto.
Do帽a Nidia revis贸 las cajas y las pastillas. Algo no estaba bien.
Las letras de las cajas estaban mal impresas y las pastillas ten铆an un color diferente al original.
El due帽o de la farmacia
Do帽a Nidia fue a la farmacia y habl贸 con el due帽o, un hombre de bigote fino llamado Abraham Seijas.
鈥擲e帽or, esas medicinas que usted vende son falsas. La gente se est谩 enfermando.
鈥擵ieja, usted no es doctora. No se meta en lo que no entiende.
Junto al mostrador estaba un agente de apellido Heredia, comiendo una galleta.
鈥擠o帽a, el se帽or Seijas es un comerciante honrado. Cuidado con lo que anda diciendo por ah铆.
Do帽a Nidia sali贸 de la farmacia con el coraz贸n acelerado.
La amenaza disfrazada
Esa misma semana, do帽a Nidia empez贸 a advertir a sus vecinos que no compraran en esa farmacia.
Las ventas de Seijas bajaron.
Una noche, alguien tir贸 una piedra contra su ventana con un papel amarrado.
C谩llate, vieja, o vas a perder lo que m谩s quieres.
Do帽a Nidia mir贸 a Luisito, que dorm铆a en su camita, y no pudo pegar los ojos en toda la noche.
El ni帽o que no volvi贸 del colmado
Una tarde, Luisito fue al colmado de la esquina a comprar pan.
Pasaron diez minutos, veinte, una hora. No regres贸.
El colmadero dijo que el ni帽o nunca hab铆a llegado.
Esa noche, un mensaje lleg贸 al celular de do帽a Nidia.
Si quieres ver a tu nieto, vas a decir p煤blicamente que las medicinas de Seijas son buenas. Y si vas a la polic铆a, Heredia nos avisa.
Una abuela de rodillas
Al d铆a siguiente, do帽a Nidia se present贸 en el destacamento, llorando.
All铆 estaba el agente Heredia.
鈥擠o帽a, a lo mejor el ni帽o se fue a jugar por ah铆. Usted sabe c贸mo son los muchachos.
鈥擯or favor, agente, se lo suplico. Es lo 煤nico que tengo 鈥攄ijo ella arrodill谩ndose.
Heredia la ayud贸 a levantarse con una sonrisa falsa.
鈥擧aga lo correcto, do帽a, y todo se va a arreglar.
Esa misma tarde, do帽a Nidia grab贸 un video diciendo que la farmacia de Seijas era buena, con la voz quebrada.
Seijas lo vio y se ri贸 a carcajadas.
鈥擡sa vieja ya est谩 vencida.
La enfermera que nadie conoc铆a
Pero esa noche, do帽a Nidia abri贸 un viejo malet铆n de cuero que guardaba en su armario.
Dentro hab铆a un estetoscopio antiguo, una cruz roja bordada y un peque帽o 谩lbum de fotos.
Cincuenta a帽os antes, Nidia Encarnaci贸n hab铆a sido enfermera de combate en una unidad militar.
Hab铆a atendido heridos bajo fuego, hab铆a trabajado sin dormir durante d铆as y hab铆a aprendido a mantener la calma en el peor de los momentos.
Conoc铆a las medicinas como nadie y sab铆a detectar una falsificaci贸n con solo mirarla.
鈥擫uisito, mi amor, tu abuela ya vivi贸 guerras peores que esta 鈥攕usurr贸, cerrando el malet铆n.
La joven que ten铆a miedo
Do帽a Nidia record贸 a una muchacha llamada Roc铆o, que trabajaba como empleada en la farmacia de Seijas.
Roc铆o era una de los cientos de ni帽os que do帽a Nidia hab铆a tra铆do al mundo.
La busc贸 en secreto esa misma noche.
鈥擱oc铆o, mija, necesito tu ayuda. Se llevaron a Luisito.
La muchacha rompi贸 a llorar.
鈥擠o帽a Nidia, yo lo s茅 todo. Las medicinas vienen en cajas sin sello desde un almac茅n en la carretera. Y yo escuch茅 que tienen al ni帽o all谩. Pero tengo miedo.
鈥擸o te traje al mundo, mija. Ahora te pido que me ayudes a traer a mi nieto de vuelta.
Los papeles del almac茅n
Roc铆o acept贸 ayudar.
Al d铆a siguiente, desde la computadora de la farmacia, imprimi贸 facturas, listas de env铆os y mensajes entre Seijas y el agente Heredia.
All铆 se ve铆a claramente el pago semanal al agente y las 贸rdenes de compra de medicinas falsificadas.
Do帽a Nidia, por su parte, llev贸 varias cajas de las pastillas falsas a un laboratorio de an谩lisis en la capital, con la ayuda de un m茅dico que hab铆a sido su alumno.
El resultado fue claro: las pastillas no ten铆an el medicamento que dec铆an tener.
La fiscal de la capital
Con las facturas, el an谩lisis del laboratorio y el testimonio de Roc铆o, do帽a Nidia fue a ver a una fiscal especializada en salud p煤blica.
鈥擠o帽a, esto es grav铆simo. Esa gente est谩 jugando con la vida de los pacientes.
鈥擸 con la vida de mi nieto, doctora 鈥攔espondi贸 do帽a Nidia.
La fiscal organiz贸 un operativo esa misma noche, con agentes de otra provincia para que nadie avisara a Heredia.
El almac茅n de la carretera
Al amanecer, los agentes rodearon el almac茅n.
Dentro encontraron miles de cajas de medicinas falsificadas, m谩quinas para imprimir etiquetas y, en un cuartito del fondo, a Luisito, asustado pero sano.
Al mismo tiempo, otro equipo entraba a la farmacia de Seijas y lo arrestaba detr谩s del mostrador.
El agente Heredia fue detenido en su casa, todav铆a en pijama.
鈥斅sto es un error! 鈥攇ritaba.
鈥擲u firma est谩 en las facturas, agente. No hay error 鈥攍e respondi贸 la fiscal.
El abrazo del doctorcito
Do帽a Nidia esperaba en una camioneta, a pocos metros del almac茅n.
Cuando vio a Luisito salir con una agente, abri贸 la puerta y corri贸 hacia 茅l como si tuviera veinte a帽os.
鈥斅buela! 隆Yo sab铆a que t煤 me ibas a curar de este susto!
鈥擟laro que s铆, doctorcito. Para eso est谩n las abuelas.
Roc铆o, que estaba a su lado, lloraba de emoci贸n.
La salud del pueblo
Seijas y el agente Heredia fueron condenados a largos a帽os de prisi贸n.
Se descubri贸 que hab铆an vendido medicinas falsas en varias provincias del sur.
Roc铆o recibi贸 protecci贸n como testigo y una beca para estudiar enfermer铆a.
Do帽a Nidia volvi贸 a su casa, a sus remedios y a su barrio.
Ahora, cuando alguien llega con una caja de medicinas, ella se pone sus lentes, la revisa con cuidado y dice:
鈥擡sta s铆 es buena. T贸matela con fe.
Quien dedica su vida a cuidar a los dem谩s guarda una fuerza que nadie puede vencer: la fuerza de quien sabe que est谩 del lado de la verdad.

