Historias

馃毃 El capit谩n del parque crey贸 que el gu铆a novato solo serv铆a para remar la lancha, pero cuando vio su verdadero rango llor贸 dentro de la cueva 馃槺

Bienvenido. Si llegaste desde Facebook, es porque quieres saber qui茅n era en realidad el gu铆a Tom谩s y qu茅 le pas贸 al capit谩n. Aqu铆 tienes la historia completa, con toda la magia de las cuevas ta铆nas y un final que te va a emocionar.

El bosque sobre el mar

El parque nacional Los Haitises, en la bah铆a de Saman谩, es uno de los lugares m谩s bellos del pa铆s. Mogotes cubiertos de selva salen del agua como gigantes verdes. Manglares, pel铆canos, fragatas.

Y cuevas. Cuevas misteriosas donde hace cientos de a帽os los ta铆nos dejaron sus dibujos en las paredes y escondieron sus vasijas, sus 铆dolos y sus amuletos.

Esas piezas son tesoros de la historia de todos los dominicanos.

El capit谩n del puesto

Para proteger el parque hab铆a un puesto de vigilancia. Lo dirig铆a el capit谩n Arismendy Guzm谩n, un hombre de cincuenta y un a帽os, de lentes de sol, gorra de camuflaje y un reloj de lujo.

Oficialmente, proteg铆a las cuevas. En realidad, las saqueaba.

Las piezas que se iban

Coleccionistas extranjeros pagaban fortunas por piezas ta铆nas originales. Un cem铆 de piedra pod铆a valer veinte mil d贸lares. Una vasija completa, cincuenta mil.

Guzm谩n mandaba a dos hombres de confianza a excavar en las cuevas m谩s escondidas, de noche. Las piezas sal铆an en lanchas hacia yates anclados lejos de la costa.

Y en los informes del puesto, el parque estaba 芦sin novedad禄.

El gu铆a que denunci贸

Don Cayetano, un gu铆a de setenta a帽os que llevaba toda la vida mostrando las cuevas a los turistas, not贸 que algunas paredes ten铆an huecos nuevos. Que faltaban piezas que 茅l conoc铆a desde ni帽o.

Fue al puesto a denunciarlo.

鈥擟apit谩n, alguien est谩 saqueando las cuevas.

鈥擵iejo, t煤 est谩s chocheando. Esas cuevas est谩n igual que siempre.

Una semana despu茅s, a don Cayetano le quitaron la licencia de gu铆a por 芦faltas de seguridad禄.

El gu铆a nuevo

Unos meses despu茅s, lleg贸 al puesto un gu铆a nuevo, contratado como auxiliar. Se llamaba Tom谩s Encarnaci贸n. Ten铆a cuarenta y cinco a帽os, era moreno, delgado, de sonrisa t铆mida y siempre llevaba una linterna grande colgada del cintur贸n.

鈥擥u铆a Encarnaci贸n, a sus 贸rdenes, capit谩n.

Guzm谩n lo mir贸 con desprecio.

鈥擮tro in煤til. Vas a remar la lancha de los turistas, cargar las neveras y limpiar los ba帽os del muelle. Y no te metas en las cuevas sin mi permiso.

Los vigilantes se rieron. Tom谩s asinti贸.

Remos y neveras

Tom谩s remaba la lancha de los turistas bajo el sol, ida y vuelta, todo el d铆a. Cargaba neveras llenas de refrescos y hielo. Limpiaba los ba帽os del muelle.

Guzm谩n lo humillaba frente a los turistas.

鈥斅ncarnaci贸n! 隆Rema m谩s r谩pido! 隆Pareces una tortuga con reumatismo!

Y le tiraba el agua de la nevera encima.

Tom谩s remaba sin quejarse. Pero cuando llevaba a los turistas a las cuevas, alumbraba con su linterna cada pared. Y su linterna ten铆a una c谩mara.

Los huecos en las paredes

Con su linterna, Tom谩s grab贸 cada cueva del parque. Compar贸 los videos con fotograf铆as de los arque贸logos de hace diez a帽os.

Faltaban m谩s de cien piezas. En algunas cuevas, las excavaciones eran recientes: la tierra estaba removida y hab铆a herramientas escondidas detr谩s de las rocas.

Tom谩s tambi茅n visit贸 a don Cayetano en su casa del pueblo.

鈥擠on, usted ten铆a raz贸n. Y voy a necesitar su ayuda.

El viejo gu铆a lo mir贸 con los ojos llenos de esperanza.

La noche de la cueva

Una noche, Guzm谩n le orden贸 a Tom谩s remar una lancha hasta una cueva escondida.

鈥擳煤 remas y te callas. Lo que veas, no lo viste.

En la cueva los esperaban dos hombres con picos y palas. Hab铆an sacado tres vasijas ta铆nas completas y un cem铆 de piedra.

Un hombre de acento extranjero lleg贸 en una lancha r谩pida.

鈥斅緾u谩nto por todo, capit谩n?

鈥擮chenta mil d贸lares. Como siempre. Y mi jefe en la capital recibe su parte para que nadie revise el parque.

La confesi贸n en la oscuridad

鈥斅縔 el remero?

鈥擡se es un pobre diablo. Ni sabe lo que es un ta铆no. Solo sirve para remar.

Los hombres se rieron. Tom谩s, con la linterna encendida apuntando a las vasijas, lo grababa todo.

鈥斅縔 el viejo que denunci贸?

鈥擫e quit茅 la licencia. Ya nadie le cree. Como a todos los que se meten conmigo.

Guzm谩n guard贸 el sobre de d贸lares en su chaleco.

La sospecha del capit谩n

Al regresar al puesto, Guzm谩n se fij贸 en la linterna de Tom谩s. Ten铆a una lucecita roja encendida.

鈥斅縔 eso qu茅 es?

鈥擡s el indicador de bater铆a, capit谩n.

Guzm谩n le arranc贸 la linterna de las manos. La abri贸. Encontr贸 la tarjeta de memoria.

鈥斅sto es una c谩mara! 隆T煤 me est谩s grabando!

Pero la tarjeta estaba vac铆a. Tom谩s hab铆a enviado los videos al llegar al muelle, con un celular escondido en la nevera.

鈥斅a帽ana vas preso, desgraciado!

Las lanchas del amanecer

A la ma帽ana siguiente, la bah铆a de Saman谩 se llen贸 de lanchas grises. Detuvieron el yate del coleccionista extranjero antes de que saliera del pa铆s. En su bodega hab铆a m谩s de doscientas piezas ta铆nas.

Al muelle del puesto llegaron fiscales, arque贸logos y oficiales de alto rango.

Guzm谩n sali贸 a recibirlos, nervioso.

鈥擝uenos d铆as. Aqu铆 todo est谩 en orden. Tengo a un empleado que debo denunciar.

El gu铆a era coronel

Un general camin贸 hacia Tom谩s y se cuadr贸.

鈥擬i coronel.

Tom谩s sac贸 de su bolsillo una insignia con una estrella dorada.

鈥擟oronel Tom谩s Encarnaci贸n, unidad de protecci贸n del patrimonio cultural. Capit谩n Guzm谩n, usted me tuvo remando mientras vend铆a la historia de nuestro pueblo. Mi linterna alumbr贸 cada pieza que usted rob贸.

Guzm谩n se quit贸 los lentes de sol. Le temblaban las manos. Cay贸 de rodillas sobre las tablas del muelle.

Lloraba como un ni帽o.

鈥擟oronel… perd贸neme… yo no sab铆a qui茅n era usted…

鈥擴sted s铆 sab铆a lo que val铆an esas piezas, Guzm谩n. Para todos los dominicanos.

Las piezas vuelven a casa

Guzm谩n, su jefe en la capital, los excavadores y el coleccionista fueron procesados. M谩s de trescientas piezas ta铆nas fueron recuperadas y entregadas al museo nacional.

Don Cayetano recuper贸 su licencia de gu铆a. El d铆a de la exposici贸n de las piezas recuperadas, fue invitado de honor.

Se par贸 frente a un cem铆 de piedra que conoc铆a desde ni帽o y se le salieron las l谩grimas.

鈥擝ienvenido a casa 鈥攍e susurr贸.

Porque los que roban la historia de un pueblo creen que las cuevas guardan sus secretos. Pero siempre hay una luz dispuesta a alumbrar la verdad.

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