馃毃 El jefe del puesto agr铆cola crey贸 que el ayudante novato solo serv铆a para cargar sacos, pero cuando supo su verdadero cargo se ech贸 a llorar entre las fresas 馃槺
Bienvenido. Si llegaste desde Facebook, sabemos que est谩s esperando saber qui茅n era el ayudante Rub茅n y qu茅 le pas贸 al inspector. Aqu铆 tienes la historia completa. L茅ela hasta el final, porque te ayudar谩 a cuidar lo que comes.
El valle de las fresas
Constanza es un valle m谩gico en las monta帽as. All铆 crecen fresas, papas, ajos, zanahorias y flores que se venden en todo el pa铆s.
Los agricultores trabajan la tierra con cari帽o. Muchos son familias que llevan generaciones sembrando el mismo pedazo de tierra.
El puesto de control
A la entrada del valle hab铆a un puesto de control agr铆cola. Su trabajo era revisar que no entraran plagas, ni productos qu铆micos peligrosos, ni venenos prohibidos.
Lo dirig铆a el inspector jefe Ger贸nimo B谩ez. Un hombre de cincuenta y seis a帽os, de chaqueta de cuero, sombrero de fieltro y una voz que impon铆a respeto.
Llevaba quince a帽os en el puesto. Conoc铆a a todos los comerciantes de agroqu铆micos.
Los venenos que entraban
Algunos de esos comerciantes vend铆an pesticidas que estaban prohibidos en el pa铆s, porque causaban c谩ncer y enfermedades graves. Eran m谩s baratos y mataban todas las plagas.
B谩ez los dejaba pasar a cambio de un sobre.
Los agricultores los compraban sin saber que eran peligrosos. Los rociaban sobre las fresas y las papas. Y respiraban ese veneno d铆a tras d铆a.
La familia enferma
Don Belarminio ten铆a sesenta a帽os y sembraba fresas con sus tres hijos. En los 煤ltimos dos a帽os, los cuatro empezaron a tener dolores de cabeza, mareos y manchas en la piel.
Su hijo menor, de veinticuatro a帽os, termin贸 en el hospital con problemas en los ri帽ones.
El m茅dico le pregunt贸 qu茅 productos usaba.
鈥擫o que me vende el comerciante del pueblo, doctor. Dice que est谩 aprobado por el inspector B谩ez.
El ayudante novato
Unos meses despu茅s, lleg贸 al puesto un ayudante nuevo. Se llamaba Rub茅n Alm谩nzar. Ten铆a cuarenta y cuatro a帽os, era callado, de lentes y un poco torpe con las manos.
鈥擜yudante Alm谩nzar, a su orden, inspector.
B谩ez lo mir贸 con desd茅n.
鈥斅縔 t煤 qu茅 sabes de agricultura? Pareces un contable. Vas a cargar los sacos de los decomisos y fumigar los camiones. Y no me hagas preguntas.
Los empleados se rieron. Rub茅n asinti贸.
Fumigando sin protecci贸n
Rub茅n cargaba sacos de cincuenta kilos de un lado a otro. Fumigaba los camiones con una mochila de presi贸n, sin mascarilla y sin guantes, porque B谩ez dec铆a que eran 芦para los delicados禄.
鈥斅lm谩nzar! 隆Esos sacos est谩n mal apilados! 隆Hazlo otra vez!
Y tumbaba la pila de un empuj贸n.
Rub茅n volv铆a a apilar sin quejarse. Pero mientras cargaba, le铆a las etiquetas de los sacos y los bidones. Y algunas ten铆an nombres de productos que 茅l sab铆a que estaban prohibidos.
Los frasquitos de miel
Rub茅n siempre tra铆a su almuerzo en una lonchera. Y en la lonchera, siempre hab铆a unos frasquitos de miel.
鈥斅縏anta miel, Alm谩nzar? 驴T煤 eres un oso o qu茅? 鈥攕e burlaban.
鈥擡s que soy diab茅tico y me baja el az煤car 鈥攔espond铆a 茅l.
En realidad, los frasquitos estaban vac铆os. Rub茅n los usaba para tomar muestras de los bidones que pasaban por el puesto con el sello de 芦inspeccionado禄.
Cada semana enviaba los frasquitos a un laboratorio en la capital.
El resultado del laboratorio
Los resultados eran alarmantes. Siete de los productos que B谩ez dejaba pasar conten铆an sustancias prohibidas en el pa铆s desde hac铆a a帽os. Algunas, de las m谩s peligrosas del mundo.
Rub茅n tambi茅n visit贸 a don Belarminio. Tom贸 muestras de la tierra de su finca y de las fresas.
Estaban contaminadas.
La noche del cami贸n azul
Un viernes por la noche, B谩ez le orden贸 a Rub茅n quedarse para fumigar un cami贸n. Los dem谩s se fueron.
Lleg贸 un cami贸n azul cargado de bidones. B谩ez se acerc贸 al chofer.
鈥斅緾u谩ntos traes?
鈥擠oscientos bidones del fuerte. El patr贸n le manda esto.
Le entreg贸 un sobre grueso.
鈥擯erfecto. Que el patr贸n siga mandando. Yo pongo el sello de aprobado. Los campesinos no saben leer las etiquetas en ingl茅s.
鈥斅縔 si alguien se enferma?
鈥擫a gente se enferma de todo. Nadie va a relacionar nada.
Rub茅n, fumigando el cami贸n de al lado, ten铆a en el bolsillo de su camisa un peque帽o grabador.
El ayudante descubierto
Al d铆a siguiente, B谩ez encontr贸 a Rub茅n con un frasquito de 芦miel禄 lleno de un l铆quido amarillo.
鈥斅縌u茅 es eso?
鈥擬iel, inspector.
B谩ez le arranc贸 el frasquito, lo abri贸 y lo oli贸. Se puso p谩lido.
鈥斅sto es del cami贸n! 隆T煤 est谩s sacando muestras!
Lo agarr贸 por el cuello de la camisa.
鈥斅e vas a arrepentir, oficinista! 隆Ma帽ana te denuncio por robo y te mando preso!
Los veh铆culos en el valle
Pero ma帽ana no lleg贸 para B谩ez. Esa misma tarde, varios veh铆culos oficiales subieron por la carretera de Constanza. Bajaron fiscales, t茅cnicos de laboratorio, m茅dicos y oficiales.
Al mismo tiempo, en el pueblo, allanaban el almac茅n del comerciante que vend铆a los venenos.
B谩ez sali贸 del puesto con el sombrero en la mano.
鈥斅縌u茅 es esto? 驴Una inspecci贸n? 隆Yo soy el inspector aqu铆!
El verdadero cargo
Un fiscal se acerc贸 a Rub茅n y le estrech贸 la mano.
鈥擲e帽or comisionado, todo est谩 listo.
Rub茅n se quit贸 los lentes. Sac贸 de su lonchera una credencial con una estrella dorada.
鈥擟omisionado nacional de sanidad agr铆cola Rub茅n Alm谩nzar. Inspector B谩ez, usted me puso a fumigar sin mascarilla los mismos venenos que dejaba pasar. Los frasquitos de miel y su confesi贸n del viernes est谩n en manos de la fiscal铆a.
B谩ez se tambale贸. Cay贸 de rodillas en la tierra del puesto. Lloraba y temblaba de miedo.
鈥擟omisionado… por favor… yo no sab铆a… tengo nietos…
鈥擠on Belarminio tambi茅n tiene un hijo en el hospital, B谩ez.
La tierra sanada
B谩ez y el comerciante de venenos fueron procesados por cr铆menes contra la salud p煤blica. Se decomisaron miles de bidones de pesticidas prohibidos.
El Estado puso en marcha un programa de limpieza de suelos y atenci贸n m茅dica gratuita para las familias afectadas.
El hijo de don Belarminio se recuper贸. Un a帽o despu茅s, la familia volvi贸 a sembrar fresas, esta vez con productos seguros.
La primera caja de la cosecha se la enviaron al comisionado.
鈥擯ara que pruebe la fresa m谩s sana de Constanza.
Porque los que envenenan la tierra por dinero creen que nadie lee las etiquetas. Pero siempre hay alguien que lee, que guarda y que espera el momento de decir la verdad.

