馃毃 El alcaide crey贸 que el preso desdentado era un viejo inofensivo para culpar de la fuga, pero cuando lo agarr贸 por el cuello, descubri贸 lo que escond铆a en su boca 馃槺
Bienvenido. Si llegaste desde Facebook, sabemos que te quedaste con ganas de saber qui茅n era el preso Venancio y qu茅 escond铆a su dentadura. Aqu铆 tienes la historia completa. El final te va a sacar una sonrisa enorme.
La c谩rcel frente al mar
En Nagua, frente al oc茅ano Atl谩ntico, hab铆a una c谩rcel p煤blica vieja, con muros despintados y el sonido de las olas que se escuchaba desde las celdas.
All铆 estaban presos ladrones, estafadores y algunos narcotraficantes importantes, esperando juicio.
Las fugas misteriosas
En los 煤ltimos dos a帽os, cuatro presos se hab铆an fugado de esa c谩rcel. Todos eran hombres con mucho dinero. Todos escaparon de noche. Ninguno fue recapturado.
El alcaide Higinio Fortuna siempre dec铆a lo mismo:
鈥擣ue un descuido de los guardias. Saltaron el muro y se fueron en una lancha.
Nadie le preguntaba c贸mo cuatro hombres saltaban un muro de seis metros sin que nadie los viera.
El precio de la libertad
La verdad era sencilla. Fortuna vend铆a las fugas. Por dos millones de pesos, un preso rico sal铆a por la puerta de atr谩s a medianoche y lo recog铆a una lancha en la playa.
Fortuna ten铆a cincuenta y seis a帽os, era alto, de bigote negro te帽ido, cadena de oro y un carro deportivo.
Pero la 煤ltima fuga, la de un narcotraficante muy buscado, hab铆a hecho mucho ruido en la prensa. Desde la capital ped铆an un culpable.
El preso sin dientes
Esa misma semana lleg贸 a la c谩rcel un preso nuevo. Ten铆a sesenta y tres a帽os, el pelo blanco, la cara arrugada y una dentadura postiza que se le mov铆a cuando hablaba. Lo hab铆an detenido por una deuda vieja con un prestamista. Dijo llamarse Venancio Tejeda.
Fortuna lo vio y se ri贸.
鈥擡ste viejo ni dientes tiene. Perfecto. Nadie va a creerle nada.
La propuesta del alcaide
Esa noche, llevaron a Venancio a la oficina del alcaide.
鈥擵iejo, te voy a hacer una oferta. Firma aqu铆 que t煤 ayudaste a escapar al narcotraficante. Que le prestaste tu s谩bana para saltar el muro. A cambio, te pago la deuda que tienes y sales en seis meses.
鈥擲e帽or, yo llegu茅 ayer. El hombre se fue hace una semana.
鈥擫os papeles dicen lo que yo quiero, viejo.
鈥擭o voy a firmar.
Las noches de castigo
Fortuna orden贸 encerrar a Venancio en la celda de castigo. Sin comida, con poca agua. Y cada noche bajaba a visitarlo.
鈥斅縔a tienes hambre, viejo desdentado?
鈥擧ambre tengo. Pero no voy a firmar.
鈥擸a veremos cu谩nto aguantas. A tu edad, no mucho.
Venancio se acomodaba la dentadura con la lengua y lo miraba en silencio.
El secreto de la dentadura
La dentadura postiza de Venancio era especial. En la parte de arriba, dentro del paladar de acr铆lico, alguien hab铆a incrustado un micr贸fono diminuto y una memoria del tama帽o de un grano de arroz.
Ning煤n guardia revisa la boca de un viejo. A nadie se le ocurre.
Cada noche, cuando el alcaide bajaba a hablar, la dentadura grababa cada palabra.
Las palabras del alcaide
Una noche, Fortuna se sent贸 frente a la reja con una botella de ron. Estaba de buen humor.
鈥擬ira, viejo, te voy a contar algo para que aprendas. Cada fuga me deja dos millones. El narcotraficante me pag贸 cinco. Yo apago las c谩maras de la puerta de atr谩s, mis guardias de confianza le abren y una lancha lo recoge en la playa. El director regional se lleva su parte.
鈥斅縔 a qui茅n le echan la culpa?
鈥擜 un pendejo como t煤. Siempre hay uno.
Fortuna se ri贸 y se fue. Venancio se acomod贸 la dentadura y sonri贸.
El guardia de la puerta de atr谩s
Uno de los guardias de la puerta de atr谩s, un hombre de cuarenta a帽os llamado Rub茅n, le tra铆a agua a Venancio a escondidas.
鈥擠on, usted me recuerda a mi pap谩. No firme, que ese hombre lo va a hundir.
鈥斅縏煤 estabas de guardia la noche de la fuga?
Rub茅n baj贸 la cabeza.
鈥擡l alcaide me mand贸 a otra parte esa noche. Pero vi la lancha desde lejos. Y vi a los dos guardias que abrieron la puerta.
鈥斅縏煤 lo dir铆as ante un fiscal?
鈥擲i usted aguanta, yo tambi茅n.
La amenaza final
Al noveno d铆a, Fortuna perdi贸 la paciencia. Baj贸 a la celda con dos guardias.
鈥擲e acab贸, viejo. Ma帽ana viene un inspector de la capital. Si no firmas esta noche, ma帽ana te encuentran ahogado en la playa. Y diremos que intentaste escapar igual que el otro.
Le puso el papel y el bol铆grafo delante.
El agarre del preso
Venancio se levant贸 despacio. Se acomod贸 la dentadura con la lengua. Y luego, de un movimiento r谩pido, agarr贸 al alcaide por el cuello de la camisa.
鈥擡l inspector ya lleg贸, Fortuna.
Los guardias se quedaron congelados. Fortuna intent贸 soltarse.
鈥斅u茅ltame, viejo loco!
En ese momento, se escucharon sirenas en la entrada. Pasos de botas por el pasillo. Linternas.
La identidad del preso
Por el pasillo llegaron fiscales, agentes y un juez. Un oficial se acerc贸 a Venancio y se cuadr贸.
鈥擨nspector, el narcotraficante fue capturado esta ma帽ana en Puerto Rico. Ya confes贸 que le pag贸 al alcaide.
Venancio solt贸 a Fortuna. Se sac贸 la dentadura postiza, la limpi贸 con su uniforme y se la entreg贸 al juez.
鈥擨nspector general Venancio Tejeda, direcci贸n de asuntos internos penitenciarios. Fortuna, yo me dej茅 meter preso por una deuda falsa. Usted me eligi贸 como culpable. Y aqu铆, en mis dientes, est谩n nueve noches de su confesi贸n.
Fortuna cay贸 de rodillas frente a la reja. Lloraba como un ni帽o.
鈥擨nspector… perd贸neme… yo no sab铆a qui茅n era usted…
鈥擴sted iba a ahogarme en la playa, Fortuna. Eso es lo que sab铆a.
Una c谩rcel sin puertas traseras
Fortuna, el director regional y los guardias c贸mplices fueron procesados. Los cuatro fugados fueron buscados por todo el Caribe. Tres ya fueron recapturados.
Rub茅n declar贸 como testigo y fue ascendido a jefe de guardia.
El d铆a de su despedida, Venancio se volvi贸 a poner su dentadura y le sonri贸 a Rub茅n.
鈥擬ijo, nunca subestimes a un viejo desdentado.
Porque los que venden la justicia creen que siempre habr谩 un inocente para pagar sus cr铆menes. Pero a veces, el inocente es el que tiene la 煤ltima palabra.

