Historias

馃毃 El jefe de rescate crey贸 que el socorrista novato solo serv铆a para inflar balsas, pero cuando supo qui茅n era llor贸 a la orilla del r铆o 馃槺

Bienvenido. Si llegaste desde Facebook, es porque quieres saber qui茅n era en realidad el socorrista Alexis y qu茅 le pas贸 al comandante. Aqu铆 tienes la historia completa. Prep谩rate, porque tiene momentos que te van a tocar el coraz贸n.

La ciudad de los r铆os

Jarabacoa, en el coraz贸n de la cordillera, es la ciudad de la eterna primavera. Por sus valles corren r铆os de agua fr铆a y cristalina: el Yaque del Norte, el Jimenoa, el Baiguate.

Los turistas vienen a hacer rafting, a ba帽arse en los saltos, a respirar aire puro.

Pero esos r铆os tambi茅n son traicioneros. Cuando llueve en la monta帽a, crecen en minutos y arrastran todo a su paso.

Los guardianes del r铆o

Para proteger a la gente hab铆a una unidad de rescate acu谩tico. Diez socorristas, botes inflables, chalecos, cuerdas y equipos de buceo donados por el gobierno y por organizaciones extranjeras.

Al mando estaba el comandante Eladio G贸mez. Un hombre de cincuenta y dos a帽os, musculoso, de piel bronceada y voz fuerte.

En las fotos de la prensa siempre aparec铆a como un h茅roe. Pero detr谩s de las c谩maras, era otra cosa.

El equipo que desaparec铆a

Cada a帽o llegaban donaciones de equipo nuevo: chalecos, trajes de neopreno, cascos, cuerdas, radios.

Pero los socorristas segu铆an usando equipo viejo, roto y remendado. El nuevo desaparec铆a.

G贸mez lo vend铆a a las compa帽铆as privadas de rafting de la zona, a mitad de precio. Y a cambio, esas compa帽铆as pod铆an sacar turistas al r铆o aunque estuviera crecido y peligroso.

La madre que esper贸 en la orilla

Un domingo, un muchacho de diecisiete a帽os llamado Kendry fue arrastrado por una crecida del r铆o Jimenoa.

Su madre, do帽a Rosario, corri贸 a la unidad de rescate. G贸mez la recibi贸 con cara seria.

鈥擲e帽ora, para sacar los botes y el equipo de buceo hay que pagar el combustible y los gastos. Son cincuenta mil pesos.

Do帽a Rosario no ten铆a ese dinero. Los vecinos hicieron una colecta. Cuando por fin salieron los botes, hab铆an pasado ocho horas.

Encontraron a Kendry al d铆a siguiente, r铆o abajo. Ya era tarde.

El socorrista novato

Dos meses despu茅s lleg贸 a la unidad un socorrista nuevo. Se llamaba Alexis Vargas. Ten铆a unos cuarenta y tres a帽os, era delgado, de brazos fibrosos y una sonrisa t铆mida.

鈥擲ocorrista Vargas, present谩ndome, comandante.

G贸mez se ri贸.

鈥斅緼 tu edad empezando? 驴T煤 sabes nadar al menos? Aqu铆 vas a inflar las balsas, cargar las cuerdas y lavar los trajes. Al agua no te metes hasta que yo diga.

Los socorristas j贸venes se rieron. Alexis asinti贸.

Balsas, cuerdas y trajes

Alexis inflaba balsas con una bomba de pie hasta que le dol铆an las piernas. Cargaba cuerdas mojadas que pesaban como piedras. Lavaba los trajes de neopreno que ol铆an a humedad.

鈥斅argas! 隆Esta balsa est谩 floja! 隆脥nflala otra vez!

Y G贸mez le sacaba el aire de un golpe.

Alexis volv铆a a inflar sin quejarse. Pero mientras trabajaba en el almac茅n, contaba las cajas de equipo nuevo que llegaban. Y las que sal铆an.

El kayak del novato

Alexis ten铆a un kayak viejo, que hab铆a tra铆do de su casa. En sus horas libres remaba r铆o arriba y r铆o abajo.

鈥斅縏煤 vas a rescatar gente en esa lata de sardinas? 鈥攕e burlaban los dem谩s.

鈥擡s para practicar 鈥攔espond铆a 茅l.

En la proa del kayak hab铆a una peque帽a c谩mara de acci贸n, de esas que se usan para filmar aventuras. Y Alexis la usaba para filmar los campamentos de las compa帽铆as de rafting.

Ah铆 estaban los chalecos nuevos, los cascos nuevos, las cuerdas nuevas. Con las etiquetas de la donaci贸n todav铆a pegadas.

La crecida de octubre

Una tarde de octubre empez贸 a llover fuerte en la monta帽a. El r铆o Yaque creci贸 en minutos.

Una compa帽铆a de rafting hab铆a sacado un grupo de turistas a pesar de la alerta. Una de las balsas se volte贸. Seis personas quedaron atrapadas en unas rocas a mitad del r铆o.

Llamaron a la unidad de rescate. G贸mez tard贸 en responder. Estaba negociando con el due帽o de la compa帽铆a por tel茅fono.

鈥擳e va a costar caro esto, Manolo. Doscientos mil pesos, o no salimos.

El novato se lanza al agua

Alexis escuch贸 la conversaci贸n. No esper贸.

Tom贸 una cuerda, un chaleco y su kayak, y se lanz贸 al r铆o crecido.

Los socorristas j贸venes lo miraron asombrados. Alexis remaba entre las olas con una t茅cnica perfecta, esquivando troncos y piedras, como si hubiera hecho eso toda la vida.

Lleg贸 a las rocas, amarr贸 la cuerda y, uno por uno, gui贸 a los seis turistas hasta la orilla. Los socorristas j贸venes, avergonzados, se lanzaron a ayudarlo.

La furia del comandante

Cuando volvieron a la base, G贸mez lo esperaba rojo de rabia.

鈥斅縌ui茅n te autoriz贸 a meterte al agua? 隆Me hiciste perder un negocio! 隆Est谩s suspendido!

Luego, delante de todos, se le escap贸 la lengua.

鈥斅縏煤 sabes cu谩nto me pagan las compa帽铆as por el equipo y por los permisos? 隆Medio mill贸n al mes! 隆Y t煤 me lo vas a arruinar por seis gringos!

Alexis lo mir贸 tranquilo. En el cuello de su chaleco, la c谩mara del kayak, que hab铆a movido all铆 antes de entrar, segu铆a grabando.

鈥擸a lo arruin贸 usted, comandante. Solito.

El helic贸ptero en el valle

En ese momento, un helic贸ptero apareci贸 sobre el valle. Aterriz贸 en el campo de pelota frente a la base. De 茅l bajaron oficiales de alto rango y fiscales.

Al mismo tiempo, agentes allanaban los almacenes de las compa帽铆as de rafting y recuperaban el equipo donado.

Un general se acerc贸 a Alexis y se cuadr贸.

鈥擬i coronel. Excelente rescate.

El verdadero rango

Alexis se quit贸 el chaleco y sac贸 del bolsillo impermeable una insignia con una estrella dorada.

鈥擟oronel Alexis Vargas, director nacional de unidades de rescate. Comandante G贸mez, usted me puso a inflar balsas mientras vend铆a el equipo que salva vidas. Y le cobr贸 a una madre por buscar a su hijo.

G贸mez retrocedi贸 hasta chocar con una balsa. Se dej贸 caer al suelo mojado. Empez贸 a llorar, temblando de miedo.

鈥擟oronel… perd贸neme… yo no sab铆a… tengo familia…

鈥擠o帽a Rosario tambi茅n ten铆a familia, G贸mez. Ten铆a un hijo.

El nombre de Kendry

G贸mez y los due帽os de las compa帽铆as de rafting implicadas fueron procesados por corrupci贸n, venta de bienes p煤blicos y homicidio culposo.

Todo el equipo recuperado volvi贸 a la unidad de rescate. Desde ese d铆a, ning煤n rescate se cobra.

Meses despu茅s, la unidad estren贸 un bote nuevo. En el costado ten铆a pintado un nombre: 芦Kendry禄.

Do帽a Rosario rompi贸 una botella de agua del r铆o contra la proa. Luego abraz贸 al coronel Vargas.

鈥擥racias por darle sentido a la muerte de mi hijo.

鈥擲u hijo va a salvar muchas vidas, do帽a. Se lo prometo.

Porque los que lucran con el dolor ajeno creen que nadie se atrever谩 a enfrentarlos. Pero la verdadera valent铆a no grita: se lanza al r铆o cuando hace falta.

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